3.  LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA Y EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA
3.1 SU SANTIDAD JUAN XXII:

En la Constitución apostólica del 25 de Diciembre de 1961 con la que convocaba el Concilio Vaticano II, su Santidad Juan XXIII expresaba sus deseos, sus anhelos y sus plegarias, en estos términos:  "Repítase ahora en la familia cristiana el espectáculo de los apóstoles reunidos en Jerusalén después de la ascensión de Jesús al Cielo, cuando la Iglesia naciente se encontró unida toda en comunión de pensamiento y oración con Pedro y en derredor de Pedro, Pastor de los corderos y de las ovejas. Y dígnese el Espíritu Divino escuchar de la manera más consoladora la oración que todos los días sube a Él desde los rincones de la tierra: ¡Renueva en nuestros tiempos los prodigios como de un Nuevo Pentecostés y concede que la Iglesia Santa reunida en unánime y más intensa oración en torno a María, madre de Jesús, y guiada por Pedro, propague el reino del Salvador Divino, que es reino de verdad, de justicia, de amor y de paz! Así sea".

 Cuando en el Aula Conciliar se discutió el esquema sobre la Iglesia, no faltaron quienes, preocupados por una Iglesia encarnada, se extrañaron de que el Vaticano II arrancara de la Trinidad en la descripción del misterio de la Iglesia.

  Y es que la Trinidad es la "clave de Bóveda" de todo el misterio cristiano.  ¿Habría que extrañarse, por tanto, que Pablo VI ponga como "clave de Bóveda" de la eclesiología al Espíritu Santo, alma y animador del cuerpo místico de Cristo? En Absoluto.  En el discurso de clausura del Concilio nos recuerda:  "En este tiempo se ha celebrado este Concilio a honor de Dios, en el nombre de Cristo, con el ímpetu del Espíritu Santo que todo lo penetra y que sigue siendo el alma de la Iglesia para que sepamos lo que Dios nos ha dado  (1ª.Cor.2,10-12), es decir, dándole la visión profunda y panorámica, al mismo tiempo de la vida y del mundo" (S.S. Pablo VI. El Espíritu Santo Animador de la Iglesia. Pg. 12).

 

La Iglesia tiene necesidad de un Pentecostés permanente.

Su Santidad Pablo VI es consciente de la gravedad del momento presente y del reto que el mundo moderno lanza a la Iglesia. Se percata del peligro de horizontalismo,  que la ola de secularismo que invade a la Sociedad se anide en sus propios lares.  Por eso, ve la necesidad del Espíritu Santo, fuente de verdadera vida, de su luz y de su fuerza, para que la divinice, y la haga instrumento del Verbo Encarnado en la comunicación de la vida divina y signo de los bienes definitivos del reino.

 A propósito de un Nuevo Pentecostés, es clásica la oración de petición en la cual el papa Juan XXIII expresaba sus anhelos y pedía a Dios Padre que renueve en nuestros tiempos los prodigios como un Nuevo Pentecostés en víspera del Concilio Vaticano II.

  

Por. JUAN N. GONZÁLES TORRES. Director Escuela de Misioneros Juan Pablo II

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