2.  NACIMIENTO Y EXPANSIÓN DE LA “RENOVACIÓN EN EL ESPÍRITU SANTO”

2.1  LOS FIELES LAICOS EN LA IGLESIA.

"En el Otoño del año 1966, dos Laicos: el Doctor Storey, y un teólogo, Ralph Keyfer, profesores de la Universidad católica de Dukesne en Pitsburg, estado de Pennsylvania, se sentían muy desanimados por los pocos frutos de su apostolado, en que estaban decididamente comprometidos... Aquellos profesores iban sintiendo que algo les faltaba en su vida cristiana personal. Aunque no podían especificar el por qué, cada uno reconocía que había cierto vacío, una falta de dinamismo, una debilidad espiritual en sus oraciones y actividades. Era como si su vida cristiana dependiera demasiado de sus propios esfuerzos, como si avanzaran bajo su poder propio y motivados por su propia voluntad. Pero les parecía que la vida cristiana no debía ser un esfuerzo netamente humano. El Cristiano es parte de la Iglesia de Cristo, su cuerpo que se impone en toda la historia; y la fuerza del poder para tal cristiano debe ser el amor redentor de Jesús Resucitado. La cristiandad no sigue a filósofo alguno, más bien comparte la vida y el amor de Dios. Por algún motivo faltaba aquel dinamismo del Señor resucitado, aquel penetrante reconocimiento de estar viviendo en Él, día tras día. Si vivimos en Cristo y Cristo realmente se manifiesta en la iglesia, y por la Iglesia se manifiesta al mundo, es porque después de ascender a la diestra de Dios-Padre, Él envió a su Espíritu Santo a la primera comunidad cristiana.

Es el misterio de Pentecostés, el día en que nació la Iglesia. En un instante el grupo de discípulos fue transformado en una comunidad de fe y amor. Sin vergüenza ni temor, aquellos alabaron a Dios y testificaron del misterio de Jesús. Ellos continuaron su ministerio, contaron del amor del Padre para con los pecadores, predicaron el arrepentimiento y la salvación en Jesús, y en su nombre curaron a los enfermos así como Él lo había hecho. Ellos llegaron a ser vigorosos y confiados en la oración, continuando la celebración de la muerte y la resurrección de Cristo en el Banquete Eucarístico. ¿En qué poder efectuaron ese ministerio?. Fueron llenos del Espíritu Santo, así como Jesús había prometido. Sí, al volver al Padre, Jesús los había dejado, pero huérfanos de ninguna manera. Por el contrario, les había enviado a su Espíritu para así hacerse presente en el mundo.  Fue la hora del Espíritu Santo en los discípulos el día de Pentecostés, la que les hizo sentir íntimamente la presencia de Jesús, y que les dio osadía y confianza como misioneros suyos.

Pensando en todo esto los profesores de Pitsburg (unidos a miss Florence Dodge), comenzaron a pedir en oración, que el Espíritu de Cristo les concediera una renovación y que el vacío que sus esfuerzos humanos habían dejado, fuese lleno de vida poderosa del Señor resucitado. Cada día los hombres rezaban unos por otros el "Ven Espíritu Santo" que forma parte de la liturgia del Domingo de Pentecostés. En ese caminar hacia la gracia, dos viejos amigos pronto se les unieron: Steve Clark y Ralph Martin eran colaboradores seglares de la parroquia universitaria de la Universidad del Estado de Michigan en East Lansing".   

Además de rezar, los profesores volvieron al estudio del Nuevo Testamento, señalando las partes que detallan la vida primitiva de la Iglesia, comparándo-las con la historia de la Iglesia durante los primeros siglos. Poco a poco ciertos puntos se enfocaron.  Los primeros cristianos, al buscar, la plenitud de la vida cristiana, pedían con la plena confianza de que el Espíritu de Cristo vendría sobre ellos; y así fue siempre. El Espíritu Santo venía de tal modo que la vida del individuo era transformada en una vida llena de amor de Cristo, una vida en la cual cada respiración era una oración de alabanza y cada acción era un acto de fe, y cada palabra proclamada al oído de todos: "¡Jesús es Señor!", así resultó que los profesores de Pitsburg, empezaron a esperar que el Espíritu Santo viniera sobre ellos de igual modo. Y tal esperanza luego se concretó en los acontecimientos..." (Kevin y Doorothy Ranaghan. Pgs.3-4).  

Todos ellos se reunieron y en una vigilia de oración, le pidieron al Señor que realizara con ellos hoy un nuevo Pentecostés, poniendo su fe en estas promesas:

"Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos" (Mt.18,19)   

"Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡Cuánto más el Padre del Cielo, dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!" (Lc.11,13). 

"Pero os digo la verdad: os conviene que Yo me vaya: porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré" (Jn.16,7).  

Así el Señor cumplió sus promesas y todos ellos recibieron un Pentecostés personal. 

"En torno a estos hombres de la Universidad Dukesne, se formó el primer grupo. Se componía de unos 30 miembros, todos estudiantes o profesores de la universidad." (Kevin y Dorothy Ranaghan. Pgs.3-4).

 

Por:  JUAN N. GONZÁLEZ TORRES. Director Escuela de Misioneros Juan Pablo II.

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